Opinión

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06/06/2016 | DDHH

Federico Pagura

Por Matilde Bruera

En el día de hoy, falleció a los 93 años, el Obispo Federico Pagura.

Esta pérdida, conmueve al movimiento de Derechos Humanos, de Rosario, -  donde vivía desde su infancia -   de todo el país, y de Latinoamérica y el Caribe, donde Federico desplegó  intensamente su labor  por los derechos humanos. Pertenecía a la iglesia Evangélica Metodista, desde donde ejerció  su opción por los pobres, y se comprometió con la lucha contra la dictadura y represión en nuestro país.

En su amplia trayectoria, quiero recordar que fue Obispo de Panamá y Costa Rica, y residió en ese último país, desde 1969 a 1973. Volvió a Argentina en 1973, y se asentó en Mendoza, allí le tocó atender a personas que huían de la dictadura de Pinochet, y pudo ver los primeros signos de la represión de la última dictadura argentina.   Trabajó en la Comisión  Evangélica Latinoamericana de Educación Cristiana, desde 1977, a 1989 y presidió el Consejo de Obispos de la Iglesia Metodista Argentina. Fue el primer presidente del Consejo Latinoamericano de Iglesias. Ejerció cargos de importancia en el ámbito internacional del movimiento de Iglesias cristianas.

Los acontecimientos más duros de nuestra historia, y los más importantes lo tuvieron presente. Lo recordamos   presidiendo el Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos, lo recordamos  en todas las batallas por la aparición con vida de los desaparecidos en plena dictadura militar, y por la libertad de los presos políticos.

Fue víctima de varios atentados , entre ellos uno muy grave en su propia casa, que puso en riesgo a su esposa, suegra, e hija., también las Iglesias donde le tocó trabajar fueron agredidas.

En democracia, su lucha  por la memoria y la justicia no cesó, y tampoco su pertinaz trabajo contra la pobreza y la desigualdad.

Fue miembro de la Comisión Directiva del Museo de la Memoria de Rosario, y obtuvo varios reconocimientos  nacionales e internacionales por su trayectoria.

En uno de sus últimos reportajes, sostuvo, que Francisco aparecía como el Papa, que podría renovar la Iglesia Católica Argentina.

Era un hombre alegre, que disfrutaba de las reuniones sociales, y la vida colectiva que conlleva la militancia.  Le gustaba la música, escribió la letra de un tango “ Tenemos Esperanza” , que se transformó en un tema emblemático de la música evangélica, y metodista en particular, en la tendencia inaugurada en la década del 60, de usar música popular nacional. El decía que redimía al tango, con la visión de Jesús. “ No vengo a buscar santos, vengo a buscar pecadores”.

Es difícil decirle a adiós a Don Federico, pero lo hacemos en el marco de sus palabras en uno de sus últimos reportajes, “ No le tengo miedo a la muerte, sino  a una vida sin sentido “.

Por esa vida plena  de sentido, hoy con un par de inevitables lágrimas  con que el corazón orada la razón, le decimos,   Don Federico, por  siempre presente.


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